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Un turista pasa cinco días en prisión por error.
Un hombre que visitaba Granada en Semana Santa acabó encerrado durante cinco días en la prisión de Albolote como consecuencia de una serie de errores policiales y judiciales. El encarcelado por error es un varón de 30 años nacido en Badajoz y residente en Madrid donde trabaja como funcionario en el ámbito sanitario. Sus apellidos son prácticamente los mismos -tan sólo se diferencian en una letra del segundo- que los de un individuó contra el que la Audiencia Nacional había dictado orden de busca y captura tiempo atrás. Una orden que dejó de estar vigente el 23 de febrero cuando el fugitivo se entregó e ingresó en el penal de Castellón.La policía detuvo al turista en la madrugada del Jueves Santo, en el hotel en el que se hospedaba con un amigo desde la víspera. Tras su detención, ingresó en los calabozos de la Jefatura de la Policía Nacional. Allí varios funcionarios se percataron de que no tenía antecedentes policiales, pero no hicieron nada. Después, la juez Aurora Fernández dictó el auto de ingreso en prisión el jueves. Como eran jornadas festivas, pasó cinco días en el módulo de ingresos de la prisión. El lunes, la Audiencia Nacional ordenó su "inmediata" puesta en libertad.
El jazz madrileño, en clave latina.
Si vive en esta ciudad, le gusta el jazz y ha pisado alguno de sus clubes más célebres, debería sonarle el saxo de Román Filiú o la trompeta de Jerry González. Añada a la lista el piano de Javier Massó, conocido también bajo el apodo de Caramelo. Porque aparte de su profesión, tienen algo más en común: son tres de los nombres más representativos de los músicos latinoamericanos que hace años decidieron mudarse a Madrid y, sin plan previo, mutar su escena jazzística.Caramelo, nacido en la capital de Cuba allá por 1967, fue uno de los primeros en llegar. "Ahora cumplo una década aquí, aunque llevo en España desde el 92", confiesa oculto tras unas gafas de sol. "Los primeros siete años viví en las Canarias, pero al final se me quedó chico. Fue tras una gira con Isaac Delgado, otra con Celia Cruz, y ver que toda la gente con la que solía tocar eran de aquí, cuando decidí cambiar".
Señalado como uno de los herederos de Bebo Valdés, al que cita como "el gran maestro", el currículo del prolífico Javier Massó podría llenar toda esta página. Su pulsar del teclado no sólo forma parte de la historia del jazz, sino de las obras de gente tan dispar como Andrés Calamaro o Enrique Morente. "En un mes saldrá el disco de Jerry González y El Comando de la Clave. Puro latin jazz, pero hemos hecho una cosa de flamenco cubano que va a ser un batacazo", anuncia efusivo sobre su enésimo proyecto en una céntrica cafetería junto a la plaza de España. A cuatro pasos de ésta, cruzando la calle de la Princesa hacia Conde Duque, se encuentra el club donde el propio Javier Massó dirige cada jueves su ya célebre jam session. En ella, al grupo fijo que forman nuestro protagonista junto a Roberto Timaná (congas), Alaín Pérez (bajo) y Kike Ferrer (batería) se suman, según el día (y el humor de cada uno), ilustres como el citado Jerry González, la voz de Diego El Cigala, la flauta de Jorge Pardo o artistas de paso por la ciudad como miembros de los Van Van. "Una jam es impredecible, siempre surgen ideas, cosas que no se ven en los conciertos. La magia de lo que se toca y de lo que se crea en el acto es alucinante", publicita su responsable antes de dar rienda suelta, una vez más, a su verbo florido con dejes aflamencados. "En cuanto a espectadores, también viene gente de todo tipo. Muchos de los que tocan, sobre todo los estudiantes, encuentran aquí su futuro y su camino".
